
Cuando nos encontramos en un museo ante una obra, en un ambiente más o menos serio, con un público aparentemente interesado por lo que allí se expone, es fácil valorar lo que tenemos ante nuestros ojos... en definitiva todo es arte, nos gusta, y además alguien ha decidido que debe estar en los museos, cosa que nos parece "normal" cuando se trata de los clásicos y nos parece "normal" porque siempre ha sido así.
Otra cosa es lo que ocurre con los artistas contemporáneos, me refiero a los que se quieren dar a conocer. En la actualidad todo funciona a base de dinero (creo que antes también era así). Algo es rentable o no lo es. La pintura se compra como inversión y si algo no se cotiza no se vende y para que se cotize, "alguien" decide que se puede exponer en una "sala de prestigio" y con unos "críticos de prestigio" con influencia en la "gente de prestigio", prestigio adquirido por tener dinero o posición social, en la mayoría de los casos. Es que el dinero también da el "buen gusto" y el "estilo".
Por cierto, cuando la crisis financiera internacional asoma, el arte disminuye su negocio, bajan las ventas, la pintura ya no gusta tanto...
Todo ésto viene a cuento de que el artista reconocido es bueno ¿por que no?, pero siempre han quedado por el camino otros que pasan sin pena ni gloria.
Por cierto, a los críticos les gusta vivir bien, los galeristas también quieren vivir bien y rodearse de "gente bien"... son los que deciden, los intermediarios...
Con éste panorama, es fácil sembrar el descontento entre muchos artistas, que nunca llegarán a serlo del todo por no ser valorados... afortunadamente cada generación renueva ilusiones, y las generaciones maduras siguen pintando, porque los artistas además son tercos...¡menos mal!





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